No fue un gran anuncio. No lo pretendía. Y, probablemente, por eso sigue funcionando tan bien en mi memoria.
El Fuerte de PLAYMOBIL fue, durante años, el regalo de Papá Noel que más ilusión me hizo. Las semanas previas a la Nochebuena eran un auténtico bombardeo de anuncios en una televisión de dos canales que marcaba el ritmo de la espera. Y aquel spot aparecía una y otra vez, enseñándote justo lo que necesitabas ver.
A finales de los años 80, la publicidad de juguetes tenía un papel muy concreto. No competía con múltiples pantallas ni con estímulos simultáneos. La televisión concentraba la atención y la repetición hacía el resto. Ver el mismo anuncio varias veces no cansaba: reforzaba el deseo.
PLAYMOBIL entendía bien ese contexto. El Fuerte de PLAYMOBIL aparecía cuando ya empezabas a contar los días que faltaban para Nochebuena, cuando la ilusión estaba en su punto justo. Y ahí entraba en juego el mago rojiblanco, Papá Noel, como figura capaz de convertir semanas de espera en algo tangible.
Un fuerte, unos personajes y todo el espacio para imaginar
El anuncio mostraba el fuerte, los indios, los vaqueros y cómo todo encajaba. No había una historia cerrada ni una narrativa impuesta. Solo un escenario lleno de posibilidades.
Yo necesitaba a esos indios y a esos vaqueros para dar alas a la imaginación. Para inventar batallas, alianzas y aventuras que no tenían principio ni final.
Visto desde hoy, aquel modelo de publicidad resulta casi ingenuo. Pero era eficaz porque respondía a un ecosistema muy distinto. Entonces, el deseo se construía a base de repetición televisiva y catálogos físicos. Hoy, gran parte del descubrimiento de juguetes pasa por plataformas digitales, vídeos de terceros y formatos como el unboxing o el gameplay.
También ha cambiado el marco de protección del menor y la forma de comunicar a niños y familias. La publicidad de juguetes es ahora más fragmentada, más regulada y mediada por otros actores.
En ese contexto, un anuncio como el del Fuerte de PLAYMOBIL difícilmente tendría hoy el mismo recorrido. Pero en 1988 era suficiente para sostener semanas enteras de ilusión.
La espera también era parte del regalo
Gran parte del recuerdo no está solo en el juguete, sino en la anticipación. En ver el anuncio repetirse, reconocer cada plano y proyectar mentalmente cómo sería tenerlo en casa.
No recuerdo con exactitud si lo recibí aquel año o al siguiente. Lo que recuerdo es la sensación. Y eso es lo que permanece.
El anuncio del Fuerte de PLAYMOBIL no es un referente creativo ni un hito publicitario. Pero cumplió su función con precisión: activar la imaginación, acompañar la espera y convertir un deseo infantil en un recuerdo duradero.
A veces, la publicidad no necesita ser brillante. Basta con llegar en el momento adecuado y no interferir en lo más importante: la capacidad de imaginar.
Goyo Fermoselle
Coordinador de cuentas de industrias complejas y mercados regulados